miércoles 1 de febrero de 2012

Cacería


Hace mucho que no escribo. No ha sido por falta de ideas o de ganas. No ha sido por vagancia, o igual un poco sí. Escribo como un desahogo cuando en mi realidad hay algún muro de cemento armado que no logro traspasar porque escapa a mi entendimiento, a mi conocimiento o a mi capacidad. Y eso es algo que ha vuelto a ocurrir.

A diario me cruzo con cientos, miles de cerebros que conectan con el mío e interactúan de alguna forma. Muchas veces lo busco y otras tantas ocurre porque si, porque basta un cruce fugaz de miradas para que se cree un pensamiento conector. Es la consecuencia directa y evidente de vivir en sociedad. Pero hay otras veces, las menos, en las que alguien inicia una auténtica cacería porque sí. Es como si en ese cruce fugaz despertaras a una suerte de ciborg latente cuyo único fin, al menos en apariencia, es darte caza y acorralar tu mente entre encrucijadas absurdas, para que una vez agotada, piense como no quiere pensar y tú actúes como no quieres actuar. Que por qué? No tengo ni puta idea. No sé si vivimos rodeados de tarados, si pertenezco a un grupo de personas especialmente receptibles a esos ciborgs o si simplemente la tarada soy yo.

El caso es que desde pequeña me ocurre que si hay algún desequilibrado en cien metros a la redonda, tarde o temprano, de una forma u otra, va a contactar conmigo. O al menos a intentarlo. Son cerebros que irrumpen en el mío reclamando toda la atención, desconectando todo hilo de pensamiento y dejando mi cuerpo en un instintivo y primario estado de alerta. Las más de las veces sólo son ráfagas, décimas de segundo o incluso un cruce de palabras. Punto. Pero por segunda vez en la vida me ocurre que un cazador va mucho más allá. En su día una persona decidió que yo era un enemigo a batir. No es coña. No es invención. Intentó por todos los medios anularme, desacreditarme, separarme de los míos. De una forma tan inteligente y sutil que nadie se dio cuenta, que casi lo consigue. Cuando logré entender lo que estaba pasando estaba tan agotada que habría pagado a un par de rumanos pasando por encima de todas mis creencias y mi ética. Gran cacería.

Ahora estoy en otro punto de mira. Y resulta que con los avances de la comunicación la cacería se vuelve más desconcertante: mensajes de amenaza, identidades falsas en las redes sociales para acercarse a ti y a los tuyos, habituales llamadas a media noche que se cuelgan cada vez que atiendes…lo justo para, sin llegar a ser delito, demandar tu atención y mantener tu cuerpo en ese estado de alerta.

No se cómo sortear este muro de cemento armado. No sé a cuento de qué. Nada. Y varias preguntas se quedan sin respuesta. Por qué? Para qué? A cuento de qué? Y sobre todo: hasta dónde puede llegar un cazador y hasta dónde una presa?

miércoles 8 de junio de 2011

Zumbido a negro.

Pavimento caliente y

cenizas grises de

verano absurdo de neuronas de

colillas mal apagadas de

cervezas caliente hasta el famoso clic de

la misma canción una y otra vez seccionando la aorta

Y tú no estás ya muerto? Debes ser el único.

Zumbido.

Cabeza desnuda sobre la almohada

y esas risas…zumbido.

A negro....más zumbidos

Sordos en la oreja

Todas esas caras tantas

Como lágrimas fueron

En verde muerto,

Que te quiero, muerte,

Verde.

A partir de los treinta y cinco años cada año fumado te quita tres meses.

Si lo incendiara todo a la vez crearían sin duda alguna,

Un pavimento caliente.

viernes 13 de mayo de 2011

Yo ahora

Rasgos borrosos

Quizás

Retinas cansadas

Nunca fueron en el mañana

Obelisco sin vértice

Y gotas. Secas

Borrosa yo

Círculos concéntricos

Mansa de mí misma

Libre al fin

De lo que seré

Epitafio frío de recuerdos que ya no fui

Que se consuma el resto

Borroso sin sentido

Que yo ya sin ser

Nunca fui más.

jueves 12 de mayo de 2011

Quise

Quise

Buscarte

Y la mierda es que cada nota no me pulverizó

Lo que tiene

Tanto ruido en el cerebro

Quise

Reinventarte

Pero aquí seguías

Quise recordar por qué te quise recordar

Y sólo la esquina de un baño

Me recuerda

Que no tengo NADA

Que recordar

sábado 10 de octubre de 2009

Sangre

Ojalá mis palabras fueran bates de béisbol y pudieran golpear tu cara hasta reventarla. Ojalá pudiera ver brotar tu puta sangre a borbotones y comprobar así qué jodido color tiene. Asco. Ojalá. Y ver de una puta vez cuál es la diferencia entre la tuya y la mía. Sangre. Eso que no corre por tu cuerpo porque naciste anestesiada y estéril. Yerma. Ojalá. Eso que según tú me separa de vosotros desde mi niñez. Eso que me tiene atada con cadenas invisibles a mi propia ira y a tu distancia. Quién cojones te crees que eres? Quién cojones sois los que miráis con los ojos vacíos de la autocomplacencia? No sois nadie. Y juzgáis. Y enfrentáis. Putos cobardes. Miradme a la cara. Mírame a la cara puta yerma de mierda. Asco. Ojalá. Y que conste que no te odio. No os odio. Pero como vuelvas a hacerlo, como te atrevas a nombrarme te juro que te reventaré la cara para pisar tu sangre con mis botas. Asco.

viernes 9 de octubre de 2009

El Jardín de la Alegría


Cuenta la leyenda que, protegido por montes y por ríos, existe un lugar mágico tan bello y terrible, que apenas unos pocos hombres y mujeres han sabido llegar hasta él. Lo llaman El Jardín de la Alegría y sólo pueden encontrarlo aquellos que son capaces de caminar por la senda del dolor con valentía.

Allí reposan las cenizas de un joven príncipe espartano, y son su fuerza y su coraje el alimento de esa tierra, y la libertad de su espíritu lo que le confiere su magia. Tuvo el honor un sauce llorón de ser el guardián de sus cenizas y allí crecerá, eterno, para recordarle al mundo quien reposa en su regazo.

Cuentan que quien conquista el Jardín de la Alegría abraza a la muerte con la mejor de sus sonrisas, que la inocencia juega feliz entre los árboles mientras la luna llena enjuga las lágrimas robadas al tiempo. Cuentan que padres e hijos comulgan en armonía, que los faunos enredan traviesos con hilos de plata, que eres capaz de ver tu propia inmortalidad reflejada en los ojos amigos, que las palabras cobran vida y que la propia vida se vuelve magia palpitando en tus venas. Cuentan que hay una llama que quien la ve ya nunca caminará a oscuras y que si te entregas con valentía a toda esa dicha el miedo ya nunca podrá entrar en tu corazón, porque entonces el joven príncipe te ungirá con sus cenizas, y te convertirás, tú también, en un espartano.

jueves 10 de septiembre de 2009

Calipos de limón y un espartano


La última semana la tengo almacenada en la cabeza sin orden ni concierto y así es como la pienso escribir.

Que alguien que se está yendo esté consciente es algo que no te esperas, o mejor, que no te quieres esperar. Es entonces cuando los besos robados al tiempo son demasiado crueles, y no osas ni respirar cuando al fin se duerme con sus dedos ligeramente entrelazados entre los tuyos.

Tengo en la retina sus sonrisas mientras el pecho traquetea agónico en un pulso absurdo contra la nada, y si no supiera que esta guerra está perdida juraría que gana cada batalla y que incluso con las uñas y los dientes le arrebata minutos a la muerte. Me gustaría decirte, pequeño, que ya lo has hecho muy bien, que te mereces al fin el reposo del guerrero que sé que eres y que te puedes ir tranquilo y con la cabeza bien alta. Espartano.

Empecé la entrada anterior diciendo que me preparaba para ver sufrir a los que más quiero…y una poca polla. No hay preparación. Ni de lejos. Me quedo con un padre que no hace más que preguntar por qué. Me quedo con una novia acurrucada en lo que pueda quedar en una cama de noventa. Con el olor alcanforado de las manos. Con su guiño de ojos cada vez que entraba. Con papá llorando sin consuelo, y esa pegó fuerte. Con "Puto Coco", gran frase. Me quedo sin aliento y sin palabras ante tantas impresiones tan dispares. Como cuando después de que pudiera comer un poquito de calipo de limón acabáramos todos en la puerta del hospital, en nuestro banco y ya de madrugada, brindando por él con cervezas y calipos de limón, cómo no…Como cuando me escribió en su pizarrita vileda We Need Dangerous Frogs, palabras que por supuesto jamás descifraremos y que quedarán tatuadas en mi espalda cuando todo acabe. Con Miriam entre las seis y la siete. Con la rata muerta y los nudillos de Alberto. Con el póster de 300 y su pulgar levantado. Me quedo con las lágrimas y los abrazos de cada uno de los presentes. Con mis hermanos. Rotos. Y sobre todo, espartano, me quedo contigo hasta que te vayas. Te lo juro. Y un día de éstos guardaré en un rincón los archivos adjuntos de los que ahora no sé desprenderme y me quedaré con tu cara y tu camisa rosa el día en que me robaste un poquito de corazón.