– Dígame una última cosa -pidió Harry-. ¿Esto es real? ¿O está pasando sólo dentro de mi cabeza?
(…)
-Claro que está pasando dentro de tu cabeza, Harry, pero ¿por qué iba a significar eso que no es real?
– Conversación Harry y Dumbledore
Harry Potter y las Reliquias de la Muerte
(Cap. 35, Pag. 607)
sábado, 12 de marzo de 2016
Somos ese pueblo alemán
Una de las grandes preguntas que me ha rondado siempre por la cabeza desde la adolescencia, y esto no es broma, es: ¿Qué hacía mientras tanto el pueblo alemán?
No es una pregunta abstracta, no hablo moralidad: hablo del día a día. ¿Qué hacía mientras tanto en su día a día el pueblo alemán? Quiero decir, algo he leído y visto en documentales, pero siempre me rondadaba la misma duda, ¿en serio? Porque es imposible, porque no se puede cometer semejante crimen contra la humanidad sin que nadie se dé cuenta, sin que nadie intente detenerlo. Imposible. Física y estadísticamente imposible, quiero decir.
Hoy, sábado 12 de marzo del 2016, de repente tengo una posible respuesta a cómo pudo ocurrir. Porque hoy, sábado 12 de marzo del 2016, e incluso con la capacidad de divulgación inmediata que nos brinda internet (y esto, en relación al 42 me parece un agravante), estamos enviando a cientos de miles de seres humanos a campos de concentración en el vertedero de Europa, en lo que pretendemos que sea "el puto culo del mundo y del olvido de Europa", a saber, Grecia y Turquía.
Y digo "estamos", porque lo "estamos" haciendo entre todos. Lo estamos permitiendo entre todos. Por fin lo entiendo. "Somos" ese pueblo alemán. Porque aunque digamos que "no es en nuestro nombre", lo cierto es que los hemos colocado nosotros ahí para que tomen las decisiones. Porque aunque nos duela el alma con las imágenes y entendamos que se está cometiendo una injusticia de dimensiones bíblicas, lo cierto es que es desde nuestras casas, con nuestros cafés y nuestros pequeños (o grandes, ojo) dramas cotidianos. Lo cierto es que no nos levantamos como leones en la defensa de tantos seres humanos indefensos que luchan por sobrevivir.
Lo cierto es, que somos "ese" pueblo alemán.
Nota: De verdad que es solo una reflexión, que no pretendo culpar a nadie (o sí). De verdad que es solo que al fin he encontrado la respuesta a una de las grandes preguntas que me ha rondado siempre por la cabeza desde la adolescencia.
Nota 2: Me aterra pensar que dentro de cincuenta años, una adolescente me pregute: "¿Pero en serio nadie lo veía? ¿En serio nadie hizo nada? Pero si vosotros sí que lo veíais!" Y a mí se me ponga la cara colorada, y no sepa qué contestar.
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viernes, 5 de febrero de 2016
La culpa de todo es de la tele
Acabo de entrar (como cada mañana) en un portal de televisión, para ver un poco audiencias, y las noticias. No se por qué lo hago. Inercia, supongo.
Si ese portal refleja lo que es la televisión a día de hoy, o peor aún, si ese portal refleja lo que realmente le interesa al espectador de hoy, pues apañados vamos: prácticamente el 80% de la portada suele estar dedicada a los realities, y a las tontunadas que hacen sus protaginistas tanto dentro como fuera del plató.
Estaba yo pensando en esto con el primer café y el segundo cigarrillo cuando de repente se me encendió la bombilla: La culpa de todo es de la tele.
De repente entendí, o al menos justifiqué, por qué cojones de un tiempo a esta parte los españoles ya no nos soprendemos de nada, por qué permitimos con total pasividad el bochornoso panorama político que vivimos, las mentiras, los recortes, la corrupción, la indignidad de nuestros gobernantes, sus circos mediáticos...
Es que es un puto reality. Lo vivimos desde casa como un puto reality más. Igual es porque todo entra por la caja tonta y lo vemos todo desde la misma postura en el mismo sofá, pero el caso es que hemos confundido la realidad con la (¿cómo llamarlo: ¿ficción? ¿realidad guionizada?). Asistimos con las palomitas en una mano y el mando en la otra al espectáculo más decadente como si no fuera con nosotros, sin darnos cuenta de que, en realidad, somos los protagonistas. Con un solo clic saltamos del "hasta aquí" de Rajoy a la "bronca de Liz y Laura en la casa de GHVIP" como si fueran lo mismo.
Igual va siendo tiempo de apagar la tele, o al menos de tomar distancia y poner las cosas en su sitio. Igual va siendo tiempo de entender que nuestra vida, nuestro futuro, dependen directamente del circo político, y que nuestros problemas no se van a acabar simplemente haciendo zapping.
En fin. A un mes de tener o no Presidente, o de repetir las elecciones, o de sentar en el banquillo a Rajoy para hablar de los discos duros, y nosotros sin saber aún qué famoso será el próximo en entar en Gran Hermano Vip.
Fascinante, ¿no?
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domingo, 17 de enero de 2016
Persistencia
Ausencia reconstruida
en bucle
presencia alcanforada
en bucle.
Y el lazo como nudo.
Persistencia.
Permanencia
El charco como espejo
como cáliz
como forma de vida.
En bucle.
Cadena perpetua como cordón umbilical
Y tú
Siempre ahí
Enfermiza paciencia frente al charco
Ahorcando lo que fue
Aprisionado lo que será
Siempre tú
Siempre ahí
Siempre en bucle.
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sábado, 16 de enero de 2016
La leyenda más triste
Cuentan
que hace muchos años, tantos que el viejo olivo era apenas un retoño,
vivió un hombre bueno y sabio, que tenía la fortuna de poseer el jardín
más bello del mundo. Él se dedicaba con esmero y devoción a su cuidado, y
éste le recompensaba creciendo cada vez más rico y variado en colores y
aromas. Tantas y tan hermosas eran sus flores que provocaban la
admiración de oriundos y forasteros, dando
incluso fama a la aldea en que vivía.
Un día, una de aquellas flores enfermó. No una flor de tantas, sino una de las más queridas por él. En su afán por salvarla, se dedicó a ella día y noche, con tanto mimo y entrega como solo un amante puede cuidar de su amada. Jamás se separó de su lado hasta que un día, al fin, su tierna flor empezó a recuperar la salud. Pero entoces ocurrió algo terrible: cuando, feliz y orgulloso miró alrededor, descubrió con terror, que todo su bello jardín había muerto. Tan obsesionado había estado por aquella única flor, que olvidó por completo el cuidado de las demás, dejándolas morir. Lloró y rabió, hasta que deseperado y consumido por el dolor y la culpa, él mismo murió de pena. No acaban aquí las desgracias de esta historia, pues como podéis imaginar, aquella flor tan querida y mimada, aquella que intentó salvar con devoción, pereció al cabo, al no tener a su dueño cerca para poder cuidarla. Con el tiempo todo se volvió malas hierbas y zarzas hostiles. Ya nadie visitaba el lugar. Y pasados muchos años y mil lluvias, incluso el nombre de la aldea cayó en el olvido...solo el viejo olivo lo recuerda, y sonríe con pena infinita.
Cuadro de Caspar David Friedrich
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viernes, 15 de enero de 2016
"La historia tras la foto"
El camino del cole a casa era agradable. Tranquilo. Al vivir en una zona de casitas de pueblo y urbanizaciones, apartada de la ciudad y de las zonas turísticas, rara vez me cruzaba con alguien. Salvo este día.
Este día me topé con una pareja oriental, que tenía una hija de más o menos mi misma edad y complexión. No se en qué idioma me pararon y ocurrió esto que veis. Tal cual. Me preguntaron si podía posar para una foto junto a su niña, y después del clic, me pidieron que apuntara mi dirección en un papel para enviarme la foto por correo cuando estuvieran de vuelta en sun país. Y así ocurrió. Sin más.
Aún hoy, cuando veo esta foto, me pregunto a cuento de qué. ¿Les haría gracia retratar a una niña española? ¿Querrían hacer creer a sus familiares y amigos que su hija había hecho grandes amistades en el viaje? ¿Serían psicópatas que planeaban mi rapto y a última hora se arrepintieron? Y sobre todo: ¿habrá hoy en algún rincón de China, una tipa de 40 años que, cada vez que mira una foto, se pregunta quién cojones era aquella niña rubia y de uniforme?
No puedo evitar que mi imagión vuele buscando respuestas, señales, conexiones....
Qué cosas, la vida: la historia tras la foto es que, curiosamente, no hay historia...¿o sí?
sábado, 15 de agosto de 2015
Bea
Tiene treinta años. Casi. Los cumple en un par de semanas. Lo que pasa es que como su médico y el útero de su madre no se entendieron en el momento de su llegada a este mundo, su cerebro dejó de recibir oxígeno demasiado tiempo, así que en realidad, tiene una edad indefinida que ronda una eterna niñez.
En general es buena y tranquila. Cariñosa. Repite constantemente como una hazaña un chiste que se aprendió “Los champiñones no engordan, engorda el que se los come” y se ríe a carcajadas cada vez. A veces su mirada se va lejos. Pagaría por saber a dónde, aunque de tanto observarla he aprendido que eso ocurre cuando no termina de asimilar una nueva situación, o una palabra, o una simple mirada que, a su entender, no debió ser.
Como hoy, que le han dicho que dejara comer a Álvaro tranquilo y ella ha sentido, con una clarividencia digna de un Nobel, que su presencia molestaba. Y se ha sentido dolida y ofendida. Sobre todo muy dolida. Y ha empezado a gritar y a llorar preguntando que qué había hecho mal.
Y todos sabemos que cuando entra ahí es peligrosa, porque esa niña de edad indefinida me saca dos cabezas y es grande como un gigante, y tiene la fuerza de cinco adultos y tanta ira ira dentro como un huracán. Y todos sabemos que cuando esa ira va contra un niño hay que pararla como sea, pero cuando es contra un adulto simplemente hay que ayudarla a calmarse y respirar. Y todo sabemos, o igual unos menos, que no puede evitarlo, que la supera. Y pocos sabemos lo que es estar ahí, en el ojo de tu propio huracán.
Así que Mari se levanta y le dice llena de amor pero firmemente que si sigue así llamará a su padre y a su madre, y entonces ella grita un “NO” más desconsolado, pero agacha la cabeza y se agarra a la puerta. Y tan fuerte se agarra a la puerta que aunque no quiere articular ni una palabra más para que no nos enfademos, sus nudillos quedan blancos de tanto agarrarse a esa puerta. Y sus ojos anegados. Y su patinete tirado en mitad del camino porque aunque casi se va, se resiste a irse a casa, porque sabe que está mal ponerse así aunque no pueda evitarlo.
Y es entonces cuando nuestras miradas se cruzan sin querer. Sin querer porque a mí Bea me asusta entre otras cosas porque yo se lo que es estar así y me da miedo reconocerme en su espejo. Pero trago saliva, y aunque una parte de mí quiere seguir contando hormigas hasta que pase la tormenta, me levanto y voy hacia ella. Y le acaricio un brazo y le recojo el pelo de la cara mientras le ofrezco papel del baño para secar sus lágrimas. Y cuando al fin logra enfocarme me dice que sí. Y mientras le limpio las lágrimas y unos mocos que ya llegan a la barbilla, le digo que sus ojos son mucho más bonitos cuando no lloran. Y entonces sonríe. -Mírame a los ojos y respira conmigo- Pero no puede. Se ha quedado prendada de la cuchilla que llevo al cuello. -A los ojos, Bea, respira- Y aunque su mirada no se aparta del colgante, tanto que involuntariamente doy un paso atrás, al fin empieza a centrarse en su respiración, las lágrimas dejan de brotar, y los nudillos comienzan a tener color. Sin dejar de sonreirle y acariciarla en ningún momento le doy un vaso de agua, que agarra con dos manos temblorosas y bebe dócil.
-¿Qué es lo que más te gusta en el mundo, Bea? -No lo sé-responde con su voz arrastrada y nasal- no lo sé. -Algo habrá que te guste mucho -Los caramelos- Y entonces me mira firmemente y focalizando, y ya no hay rastro de lágrimas, y sonríe ilusionada imaginando caramelos, de nuevo muy lejos, pero en otra dirección -Los caramelos de cereza.
Y entonces la dejo sola. Absorta en sus
cosas mientras bebe disciplinada su vaso de agua. A los poco minutos
minutos la escucho decir -Ya está- Y efectivamente no queda rastro
ni de la tormenta ni del vaso de agua.
No sé muy bien por qué escribo esto.
He tenido la necesidad. Lo que sí sé es que todos necesitamos
alguna vez el hilo de Ariadna para entrar en nuestro propio
laberinto, y lograr salir de él.
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miércoles, 10 de junio de 2015
Adiós, Encarna.
He llegado a casa, me he bebido un par
o tres de cervezas, he quitado el rojo de las uñas que me ha
acompañado durante un año, y me he cortado el pelo (a mí misma,
sí, sin saber, sí).
Solo entonces he roto a llorar.
No es la primera vez, y confío en que no será la última, porque soy actriz. Actriz. Y eso significa que cuando tienes que llevar de la mano a un personaje que va a durar mucho en el tiempo, te ves obligada a desprenderte un poquito de ti misma para dejar pasar con generosidad a esa nueva alma que tendrás que vestir, porque las dos, por entero, no caben en este cuerpito de apenas 1´60 con cuarenta y cinco kilos de peso. Y lo haces, lo haces a cuchillo porque se lo merece, y tú también.
Y sin darte cuenta absorbes parte de su esencia, de la misma manera que le has regalado parte de la tuya. Y ocurre. Y esa convivencia de dos seres en un mismo cuerpo es de lo más normal...hasta que un día llega la última secuencia. Porque aunque sabes que tiene que ocurrir y de hecho quieres que ocurra, hay partes de tu cuerpo que ya no son capaces de existir sin esa otra.
Y llega el vacío, y el tener que ir desincrustando al personaje de la original, con cuidado, casi con la veneración de un arqueólogo re descubriendo a una reina olvidada y hundida en la tierra...y aun así yo soy yo, pero llevo conmigo diminutos guiños, pinceladas de todos aquellos personajes que fui. Me las he quedado para honrarlos. O porque he sido incapaz de desprenderme, que todo puede ser.
Solo entonces he roto a llorar.
No es la primera vez, y confío en que no será la última, porque soy actriz. Actriz. Y eso significa que cuando tienes que llevar de la mano a un personaje que va a durar mucho en el tiempo, te ves obligada a desprenderte un poquito de ti misma para dejar pasar con generosidad a esa nueva alma que tendrás que vestir, porque las dos, por entero, no caben en este cuerpito de apenas 1´60 con cuarenta y cinco kilos de peso. Y lo haces, lo haces a cuchillo porque se lo merece, y tú también.
Y sin darte cuenta absorbes parte de su esencia, de la misma manera que le has regalado parte de la tuya. Y ocurre. Y esa convivencia de dos seres en un mismo cuerpo es de lo más normal...hasta que un día llega la última secuencia. Porque aunque sabes que tiene que ocurrir y de hecho quieres que ocurra, hay partes de tu cuerpo que ya no son capaces de existir sin esa otra.
Y llega el vacío, y el tener que ir desincrustando al personaje de la original, con cuidado, casi con la veneración de un arqueólogo re descubriendo a una reina olvidada y hundida en la tierra...y aun así yo soy yo, pero llevo conmigo diminutos guiños, pinceladas de todos aquellos personajes que fui. Me las he quedado para honrarlos. O porque he sido incapaz de desprenderme, que todo puede ser.
Hoy he dicho adiós a Encarna Lapiedra, pesonaje que he llevado de la mano durante un año en "Amar es para Siempre". Y con ella a compañeros del alma. Y con ellos a un equipo de
ensueño...así que he llegado a casa, he bebido un par de cervezas o
tres, he quitado el rojo de las uñas que me ha acompañado durante
un año, y me he cortado el pelo...
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lunes, 20 de abril de 2015
La historia del amor más puro
Iban de la mano. Todo el rato. Y aunque había mucha más gente y ellos inteactuaban con todos, la dedicación y atenciones que se profesaban el uno al otro te hacían pensar que, en realidad, estaban solos en el mundo. De la mano. En algún momento Rodrigo cosiguió un helado mucho más grande que sus cabezas, un magnum blanco, que como es lógico, se iba deshaciendo en unos chorretones que le llegaban a la manguita remangada de su camisa azul. Demasiado helado para tan poco cuerpo. Entoces se detienen de su paseo y Rodrigo le muestra su tesoro a Lucas, y entiendo que este asiente, o algo, aunque yo no lo vea, porque Rodrigo le quita el chupete a Lucas y le enseña a degustar el manjar. Le explica por gestos que hay que chuparlo y que después puede darle un mordisco. Y Lucas lo entiende, y lo imita, y comienza a hacer lo propio mientras se le iluminan los ojos. Y se ríen a carcajadas los dos, mirándose a los ojos, mientras el mayor sostiene un chupete en una mano y un helado gigante como sus cabezas en la otra., y el pequeño llena toda su carita de crema. Y cuando Lucas ya no puede más de tanto dulzor, Rodrigo le vuelve a meter el chupete en la boca con suma delicadeza. Y se siguen riendo, y vuelven a entrelazar sus manitas. Y siguen paseando. Y entonces Rodrigo se pone a charlar con alguien y mientras, Lucas, le abraza la espalda y se la besa, feliz. Y vuelven a mirarse y vuelven a reír. Cómplices. Y yo estoy como hechizada por ellos. Cuánto amor, por Dios.
-¿Son hermanos?- le pregunto a Alba.
-No.
Y al poco me entero de que, de hecho, se acababan de conocer...o eso dicen sus padres. Porque esas almas estaban celebrando que al fin se habían vuelto a encontrar. No podía ser de otra manera.
Con apenas cinco y tres años, Rodrigo y Lucas me contaron la historia del amor más puro, y yo, cada vez que los pienso, sonrío, y sé que soy muy afortunada por haber asistido a ese reencuentro.
viernes, 27 de marzo de 2015
Cáctus y Pumba (mis viejitos)
Nacieron el mismo día y de la misma madre, y a pesar de ser los dos negros y de más o menos el mismo peso y tamaño, en el reparto de dones a ella le tocó la sagacidad, la astucia, y ese carácter suyo tan endiablado, y a él la nobleza, la sensibilidad, y el porte. Tan distintos eran aun siendo iguales que, para mayor ofensa de Cáctus, siempre me preguntaban si Pumba era su hijo. Así de guapo era. Así de guapo es. Llegaron a casa hace ya casi trece años, con apenas una semana de vida, todavía ciegos y con biberón. Trece años...Si bien ella ha sido una perra relativamente normal, saben la Virgen y los que me conocen que él ha sido siempre especial, muy especial. A lo largo de todos estos años Pumbita me ha dado más quebraderos de cabeza que alegrías, pobre, tan sensible, tan necesitado, tan frágil, mientras que Cáctus era mi cómplice, mi amiga, y la niña de los ojos de todos.
Mis viejitos.
Hoy hemos estado un buen rato en el jardín, disfrutando de esa paz que te regalan los primeros rayos del sol de una primavera que se hace de rogar, y los he estado observando un buen rato...qué mayores están, mis viejitos. Ella ya no camina, hace meses que sus patas traseras decidieron que hasta aquí. Pero no lo sufre. Va y viene, y juega, y explora, y defiende la puerta ante cualquier intruso, solo que arrastrado sus patitas a modo de estela. Con bastante agilidad, ojo. Los escalones son otro tema, es verdad, pero no llora quiejicosa, más bien te exige que la ayudes a subir: así ha sido siempre Cáctus, exigente. Hoy ha elegido la sombra de un arbusto y allí se ha echado la siesta. Siempre un poco distante, siempre independiente, pero siempre con la convicción de que estamos ahí y no le vamos a fallar. Pumbita no. Pumbita con el paso de los años se ha ido refugiando cada vez más en su mundito interior. Ya apenas oye, y paradójicamente esto le ha traído la tranquilidad que de joven nunca tuvo. A veces me mira con sus ojos muy abiertos, como canicas, y yo daría lo que sea por saber por dónde irá el hilo de sus pensamientos...pero bueno, es feliz así, y está en paz. Mientra su hermana dormitaba, él ha venido junto a mi hamaca, como siempre ha hecho. Mi pequeño guardián. Tiene más canas que dientes, porque toda una vida intentando escapar de todos lados a dentelladas le ha pasado factura. Pero esto él no lo sabe. Y ahí se queda, alerta, olfateando el aire, que vete tú a saber qué le llega, y enseñando lo que él cree que son dientes a cualquier cosa que pueda perturbar mi descanso. Fiel.
Diez vidas más que viviera, diez vidas que quisiera tenerles a mi lado. Mis viejitos. Mis niños. Mis compañeros. No sé cuánto nos queda juntos de camino, pero no soy tonta, sé que ya no mucho. Por eso cada día me despierto agradecida porque nos hayamos podido encontrar, y le pido al Universo que cuando ya no estemos ninguno aquí, nos permita reencontrarnos allá, donde sea. Porque nunca nadie me ha amado tanto como mis dos viejitos, y yo tampoco sabía que se pudiera amar así.
viernes, 23 de enero de 2015
Pilar (crónica de un encuentro surreal)
Entré en el veterinario acelerada porque a los cinco minutos tenía que recoger el coche del taller. Si me daba prisa llegaba, porque, total, solo tenía que comprar un medicamento. La doctora estaba hablando por teléfono con voz grave y con la puerta de la consulta entreabierta.
Puta puerta.
Entoces lo vi. O mejor dicho, tras dos décimas de segundo, la imagen se completó en mi cabeza cuando yo ya estaba de espaldas, con los ojos cerrados, y las manos tapando mi cara. Las imágenes a veces entran demasiado rápido por la retina. Lo que en algún lugar de mi cerebro fantasioso era un peluche sucio, era un perro muerto cubierto de sangre. Su boca abierta y esa ausencia de alma que hacen que no reconozcas a un ser que una vez estuvo vivo me recordó a la abuela Ofelia, o a Teresa, o a Sergi. Es increible lo que puede hacer la ausencia de vida en un cuerpo.
"Sí, vengan a buscarlo cuanto antes, les espero" dijo la veterinaria mirándome por primera vez. Justo entoces, frente a mí, se abrió otra puerta (entiendo que la del baño) y una mujer apareció llorando a lágrima viva, mientras el perro que la acompañaba se acercaba a mi con aire de perdido. Cruzamos las miradas, giré la cabeza para volver a mirar al perro muerto de la camilla, e inmediatamente comprendí..."Lo siento. Lo siento muchísimo, de verdad" fue lo único que pude decir mientras ella negaba con la cabeza, secándose las lágrimas con las manos. La voz de la veterinaria me sacó de mi error: "Ha sido un atropello, llegó ya muerto a la consulta y ni siquiera tiene chip" me soltó de forma aclaratoria. Fueron las últimas palabras "ni siquiera tiene chip" lo que provocó un nuevo y mucho más fuerte llanto de la mujer. Entonces me fijé mejor en ella...en todo...sus manos, la ropa, el suelo....todo estaba salpicado de sangre.
Nuestras miradas se volvieron a cruzar mientras seguía sollozando con fuerza, y entoces hice lo único que me pareció que tenía sentido en aquel sin sentido: la abracé. La abracé y ella se terminó de derrumbar en mi abrazo, como si quisiera quedarse allí a vivir. Estuvimos así varios segundos, su pecho desconocido convulsionando contra el mío mientras yo acariciaba su espalda susurrando "Shhhhhh....." hasta que la veterinaria dijo "Ya está Pilar, ya está". Pilar, se llamaba.
Se separó de mí, me miro con unos ojos azules muy abiertos y llenos de dolor y vergüenza, volvió a fijarse en sus manos y se metió de nuevo el baño. No la volví a ver.
Me giré, y tras una breve y eterna pausa le pedí a la veterinaria la pomada para Cáctus. Mientras pagaba, intentó explicarme cómo se debía poner la pomada correctamente pero, ni ella lo estaba diciendo, ni yo la estaba escuchando. Le di las gracias y me fui.
Tampoco volví a mirar a aquella puerta entreabierta.
viernes, 22 de agosto de 2014
La primera vez
Entró en el camerino despistada, pero
irradiando tanta luz que me pregunté a cuento de qué necesitábamos
tener en "on" el interruptor. No sé qué brillaba más, insisto, si su
sonrisa casi dolorosa a base de no poder soltarla, o sus ojos, que
aunque algo perdidos, prometían ir a comerse el mundo. Debían ser
las nueve de la mañana más o menos, cuando Eva irrumpió con un
aire tan limpio que casi asfixiaba de tan nuevo en ese pequeño
camerino de personas tan resabiadas en lo suyo. Un tsunami. Las
presentaciones fueron todo lo corteses que pueden ser cuando el texto
todavía lucha entre la mente y la boca para salir airoso. Llegó el
director y sonó el “...y vamos...” casi antes de que terminara
de sonar el eco de su nombre. El pase de texto fue muy bien,
demasiado incluso, teniendo en cuenta que hasta hace apenas cuatro
minutos no nos habíamos visto las caras en la puta vida.
"Joder-pensé- qué grande esta tía". Bajamos a plató, y entre
retoques de maqui, pelu, vestu, y un “carga un poco más a la
derecha” por parte de un cámara, fuimos a primera. Primera,
importante el matiz, era estar detrás de una puerta que yo debía
abrir en acción para invitarla a entrar: "Qué bonito-me diría más tarde el de sonido-"la estás invitando a entrar en la televisión". Y entonces, en esos
segundos de silencio que preceden al “acción” fue cuando me lo
soltó sin preámbulos y a bocajarro: “ES MI PRIMERA ESCENA EN
TELEVISIÓN”. Un golpe de veinticinco megatones me llevó en
décimas de segundo hacia allá, hacia mi primera secuencia en
“Hermanas”, con Adrià Collado, cuando se suponía que en acción
yo me estaba comiendo tranquilamente un yogur, y éramos novios de
toda la vida cuando en realidad no nos conocíamos de nada, ni a
nadie del equipo, ni nada, y yo estaba aterrada, pero mi sonrisa era
casi dolorosa y mis ojos prometían ir a comerse el mundo. Hace ya
dieciséis años de mi primera secuencia...Tenía tanto que
decirle...tantos momentos tan maravillosos donde he sido la reina del
mundo y tantos tan oscuros, tan jodidamente crueles donde el mismo
fango me miraba por encima del hombro...”Silencio, y...” “No te
preocupes- ya verás como es muy fácil y aquí está todo el equipo
para animarte. Yo entré en Amar es Para Siempre la semana pasada y ya es como
una familia”. “Ya, tía, pero tú ya....tienes tanta
experiencia....que claro!!”-risa nerviosa. Y ahí estaba yo. Con
todas mis dudas, mis inseguridades, y mis neuras de sin saber todavía
si valdré para esto o no, preguntándome qué cojones es esto de ser
actriz, delante de esos ojos que están llamados a comerse al mundo.
Le agarré bien fuerte la mano intentando transmitirle por ósmosis
todo lo bueno que he vivido en estos años. Me miró y me sonrió,
con el temblor en los labios del que acaba de hacerse un all in.
“ACCIÓN”. Abrí la puerta y la invité a entrar: “Señor
Reyes, acaba de llegar Estívaliz Pérez”. El resto de la secuencia
la hizo perfecta, brillando, viva, con chispa. Como si fuera la
primera vez...y yo la miré llena de orgullo y con infinita
nostalgia, deseando de corazón que tuviera mil millones más de
estos momentos.
La escena quedó bien a la tercera
toma, y al darla por buena, unos cuantos pedimos un fuerte aplauso
para Eva, que acaba de desvirgarse en la televisión. Todo el equipo
se deshizo en vítores, y no faltó alguna que otra voz socarrona que
gritó “Ya verás, ya, la que te espera!!!”...sin duda, voces que
también pensaron en su primera vez.
Nota: Eva, te deseo toda la mierda del
mundo. De verdad.
Lau.
Viernes 22 de Agosto del 2014.
Nota 2: La foto es de una secuencia de Gran Hotel, pero dado que me llevo bien con Amayita, admiro a Carlos Sedes y Ramón Campos, y Gran Hotel también fué mi familia, confío en que no se ofendan...es que la foto es magnífica!
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martes, 22 de julio de 2014
Una reflexión incómoda
El otro día vi estas dos fotos circulando por las redes sociales, y estuve un buen rato leyendo las opiniones que generaron (tanto de conocidos como de desconocidos) La gran mayoría no daba crédito ante tanta maldad. Entiendo que la primera impresión, y más viendo la barbarie desde fuera, sea la de pensar que esas personas son animales desalmados que disfrutan con el conflicto y con la masacre de sus vecinos. A mí me pasó. Pero justamente por estar impactada, le empecé a dar vueltas al tema y a intentar comprender cómo es posible que alguien se siente en una terraza a ver un bombardeo como si fueran fuegos artificiales, o cómo unas niñas tan pequeñas podían mofarse de los muertos palestinos, enviándoles mensajes escritos en los propios misiles. Pornográfico.
Y de repente me acordé de lo que nos contaba la abuela Emi de cuando la guerra (la nuestra, sí, la de aquí): que a las bombas te acostumbrabas en seguida, que a lo que no te acostumbrabas era al hambre. Y que , como niños que eran, a cualquier cosa y con cualquier cosa jugaban, ajenos aún a la moral establecida, o pasándola por alto, dadas las circunstancias. Supervivientes. Y también pensé, aparentemente sin venir a cuento, en las miles de veces que pasando por Gran Vía hacemos caso omiso a la mendicidad y el hambre, y de cómo asumimos que mientras tiramos las sobras de una cena hay gente que literalmente no tiene qué llevarse a la boca. ¿Qué hacemos? ¿Somos de verdad coherentes ante el sufrimiento que día a día asola a la humanidad, o nos perpetramos en nuestras más o menos cómodas vidas e intentamos que el dique del dolor y la solidaridad solo se resquebraje ante acciones puntuales por su crudeza y urgencia? ¿Puede realmente dolernos el mundo entero constantemente? ¿Soy yo mejor persona que los tipos de la foto? La zona israelí de la franja también vive torpedeada con mayor o menor acierto desde hace años, y como dice Emi, al final a todo te acostumbras. Tu día a día sigue, y es tu deber, aunque solo sea por supervivencia emocional, llevar tu vida de la forma más normal posible, y eso incluye, probablemente, tomarte unas copas con un bombardeo al fondo como si fueran fuegos artificiales. Es más, jugarías a que son fuegos artificiales. Y los niños, de toda la vida, juegan con lo que tienen, e imitan a sus mayores. Entiendo que impacte, insisto, pero ¿qué pretendemos que hagan unos niños que viven en permanente estado excepción por conflicto armado?
Con esta reflexión no pretendo
justificar lo que está haciendo el Gobierno de Israel, ojo, solo
intento entender un poco mejor a los seres humanos. Solo intento no
estigmatizar a la población civil por unas fotos: me parece facilón
e hipócrita. Creo que juzgar desde el sofá es peligroso, sobre todo
cuando lo que juzgamos es tan ajeno a nosotros y nuestras cómodas
vidas de occidentales modernos. Sabemos perfectamente que para que el
primer mundo viva como vivimos más de tres cuartas partes de la
población mundial infravive, y miramos hacia otro lado porque nos es
más cómodo, ¿pero nos rasgamos las vestiduras y llamamos
desalmados a los de la foto? Hipócrita. Muy hipócrita. ¿Conocéis
el experimento de Milgram? http://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_Milgram Pues igual en vez de criticar la maldad
ajena, deberíamos intentar ponerle remedio, pero empezando por
nosotros mismos.
Confío en no ofender a nadie, solo comprendiendo y empatizando puedo llegar a ser mejor persona.
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domingo, 20 de julio de 2014
Bola y yo
Cuando Bolita llegó a casa, con apenas dos meses, le encantaba sentarse a mirar entre divertida y hechizada cómo hacía la cama. Yo entonces la subía, y jugábamos entre las sábanas y el nórdico un buen rato, hasta que la bajaba y terminaba de hacerla. Al mes ya se subía sola y se dedicaba con esmero a intentar dehacer lo que yo iba haciendo con sus patorras y dientes de leche...y así, sin darnos cuenta, se convirtió en un ritual diario. Cada mañana, sin excepción, aparecía veloz desde cualquier punto de la casa al sonido de la primera sacudida de las sábanas, y cada mañana, sin excepción, yo tardaba un mínimo de diez minutos en hacer la cama entre mimos, e incluso perfeccionamos el juego: no menos de dos o tres veces le decía que se baje, a lo que ella respondía tumbándose cuan larga era, y mirándome desafiante con una sorisa en el hocico. Bola tiene ya dos años,y se ha convertido en una hermosa chuchaza con algo de mastina que pesa más de 30 kilos. Por cosas de la vida yo llevo medio año sin vivir con ella, y me consta que con su padre no lo hace, juega a otras mil cosas, pero a ésta no.
Pues bien, esta semana me he quedado a su cargo, y lo primero que ha hecho cuando he empezado a sacudir las sábanas, es venir desde el jardín como alma que lleva el diablo y subir esos más de 30 kilos de desgarbada adolescente a la cama con tanta fuerza, que hasta la ha movido. Me he tumbado a su lado y nos hemos quedado un buen rato abrazadas...ni siquiera el instinto de ir a ladrar junto a sus hermanos al gato archienemigo que se mofa de ellos desde la verja ha conseguido levantarla: irguió la orejas, tensó el cuerpo preparada para ir corriendo, y al segundo se lo pensó mejor y decidió que valía más la pena disfrutar de nuestro viejo juego. ¿Que por qué escribo esto? Porque cuando las almas se conectan da igual a qué ser vivo pertenezcan, porque aún sigo emocionada, y porque amo a mis perros.
viernes, 11 de abril de 2014
Despertar (pequeño cuento surreal)
Estaba tan dormida que ni siquiera era
consciente de que su realidad era un amasijo de formas incorpóreas
con apenas unos ecos lejanos de voces huecas por todo sonido. -En mi
jaula de cristal soy feliz- se repetía una y otra vez como un
mantra, mientras amamantaba su soledad con la leche de los recuerdos
no vividos. Cada nuevo barrote que ella misma ponía con perfecta y
parsimoniosa desidia, la adormilaba un poquito más, y así, sin
darse cuenta, un día ya no necesitó abrir los ojos. Si bien era
verdad que en la oscuridad apenas veía los colores, ese era un
sacrificio que haría gustosa a cambio de dejar de sentir tan adentro
esa pena que se la comía despacio, como sin hambre. -En mi jaula de cristal soy feliz-. Y así fueron
pasando los días, los meses, los años...hasta que de pronto ocurrió
algo con lo que no podía contar, con lo que no quería contar: tanto
habían menguado su cuerpo y su alma durante su letargo, que un buen
día se escurrió entre los barrotes. Si más. Intentó desesperada
aferrarse a los barrotes con los dedos...sus dedos...de pronto se dió
cuenta de que podía ver sus dedos, sus manos. Podía ver su propia
cara reflejada en los barrotes de cristal. -¿Quién eres?-atinó a
preguntarle al reflejo. -¿Quién eres?-volvió a preguntar a esos
ojos vacíos de vida y cargados de lágrimas que la miraban con
terror. Pero su voz era tan débil, que ni ella misma era capaz de
escucharla. Y cayó. Cayó sin tiempo. Sin gravedad. Cayó hasta
quedar suspendida en una Nada liviana. Solo entonces, al fin, abrió
su boca todo lo que pudo, y gritó. Gritó como nunca había gritado.
Como con la primera bocanada de aire al salir del útero. Gritó con
un sonido tan alto, tan bello, desgarrado y profundo, que toda esa
Nada se empezó a resquebrajar y cayeron del cielo millones de
pedacitos de barrotes de cristal. Al fin, había despertado.
lunes, 23 de diciembre de 2013
Carta abierta a Gallardón
Sr Gallardón:
Le escribo esta carta porque tengo la
impresión de que entre tantos supuestos, tantos dioses y tanta
campaña electoral, se ha olvidado usted de los dos detalles más
importantes: ¿qué es abortar? Y sobre todas las cosas, yo. Yo, como
mujer, yo, como ser humano, yo como persona con criterio y moral
propias para decidir sobre mi persona.
Habla usted y decide sobre lo que no
sabe y nunca sabrá señor Gallardón, así que voy a explicárselo
porque como le acabo de decir, yo sí que soy mujer, yo sí se lo que
es quedarse embarazada y yo sí se lo que es abortar.
No necesité más que tres noches con
sus correspondientes mañanas para saber que me había quedado
embarazada, lo del predictor fue un hecho anecdótico. ¿Sabe por
qué? Porque durante tres noches seguidas mi cerebro se encargaba de
que soñara con ello y visualizara mis ovarios y mi cuerpo entero
metamorfoseándose, haciéndose fuerte y preparándose para concebir,
y cuando despertaba por las mañanas lo único que podía hacer era
ir al baño a vomitar, constatando así que las señales enviadas en
los sueños eran una realidad. Como le digo, ni puta idea señor
Gallardón, no tiene usted ni puta idea de lo que se siente.
Tardé varias semanas en decidir qué
es lo que quería y tenía que hacer, semanas en las que vas a
contrarreloj porque tu percepción sobre todas las cosas de este
mundo, incluida tú misma, van cambiando por minutos, y sabes que
llegado un momento ya no podrás ser tú la que decida, ya será un
hecho imparable quieras o no. Por razones que aunque usted no
entienda solo me incumben a mí, decidí abortar. Sepa usted que las
razones no tenían que ver con ninguno de sus “supuestos” sino
con mi libre decisión de si quería o podía o no ser madre en ese
momento de mi vida ¿Cree que fue fácil? ¿Cree que hay mujeres que
se levantan cada mañana diciéndose “ojalá pueda quedarme preñada
para poder interrumpir mi embarazo, que es de las cosas más
divertidas que puedo hacer hoy”? Sepa usted que no, señor
Gallardón. Sepa usted que es una de las decisiones más difíciles y
trascendentes que he tenido que tomar en lo que llevo de vida, y
justamente por eso se que nadie, repito, NADIE, puede tomar semejante
decisión por mí. Solo yo, conmigo, mi útero y mis circunstancias.
El paso por quirófano nunca es
agradable y yo afortunadamente estuve en manos de médicos
profesionales, cosa que usted le está negando a cientos, miles de
mujeres, pero bueno, eso es otro tema. Recuerdo poca cosa. Recuerdo
el color verde en la camilla, recuerdo el olor de la habitación, y
recuerdo escuchar “joder, está difícil, es que es muy fuerte y
está bien agarrado”. Como le digo, ni puta idea de lo que es
escuchar eso. ¿Sabe lo que hice al oírlo? Cerré los ojos y me puse
a cantar “Across the Universe” de los Beatles mientras varias
lágrimas rodaron por mis mejillas. “Creo que eres la primera
paciente que canta durante la intervención” me dijeron. Yo sonreí,
continué cantando, y nadie más dijo nada más hasta que acabaron.
No me arrepiento.
Le cuento todo esto para que sepa de
qué coño está usted hablando, para que sepa que bastante difícil
es tomar ciertas decisiones como para que encima tengas que pasar por
“supuestos”, juicios morales que nada tienen que ver contigo,
papeleos y más mandangas. Le cuento todo esto porque como le dije al
principio, me da la sensación de que se han olvidado de mí y de
que es el resto de mi vida lo que está en juego. ¿Sabe qué
pregunto yo, señor Gallardón? Me pregunto qué pensará su Dios, si
es que existe, de que haya gente como usted que pretende decidir
sobre los demás jugando a ser el mismísimo Dios.
Atentamente:
Yo. Mujer. Ser humano. Persona con
criterio y moral propias para decidir sobre mi persona.
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martes, 15 de octubre de 2013
Como los esquimales
Recuerdo que la primera vez que leí
sobre los esquimales quedé fascinada y aterrada a partes
iguales. Me maravilló como vestían y cazaban, eso de que pudieran
vivir en casitas de hielo, y por supuesto:¿quién no ha jugado de
pequeño a darse un beso esquimal? Pero cuando leí que los ancianos
abandonaban el grupo para dejarse morir en soledad (las más de las
veces por voluntad propia) cuando ya no tenían a nadie que pudiera
masticarles la comida, o simplemente para no ser una carga para la
sociedad, me entró verdadero pánico. Nosotros no éramos
esquimales, eso lo sabía yo, pero aun así no me quitaba de la
cabeza la idea de que la abuelita Ofelia podía dejarse morir si
nadie la cuidaba o si yo, que solo iba a verla a Buenos Aires unos
meses al año, no pudiera masticarle la comida cuando ya fuera muy
anciana y no le quedaran dientes. La segunda opción desapareció
cuando, con algo de grima, la verdad, descubrí que la abuela Ofelia
guardaba antes de irse a dormir, una estupenda dentadura postiza en
un vasito de agua encima de la mesita de noche. Al menos ese problema
quedaba resuelto: daba igual lo vieja que fuera, siempre podría
masticar su comida.
Luego vino la otra parte de la
ecuación: ¿cómo podía ningún anciano ser una “carga para la
sociedad” cuando la abuela Ofelia me enseñaba tantísimas cosas
que ella ya había vivido, me cuidaba, me divertía, y los viernes
por la noche me dejaba comer chizitos en la cama mientras veía la
tele? No lo entendía.
Y sigo sin entenderlo. Pero mira tú
por donde, nuestro Gobierno actual pretende tratar a los ancianos
como los esquimales. Parece que sobran, que son una verdadera “carga
para la sociedad”. Los pensionistas cada vez tienen menos. Pagan,
copagan (o como diantres lo quiera decir la señora Mato) sus
medicamentos, y eso cuando no se ven directamente obligados a acudir
a la sanidad privada porque no tienen tiempo real para aguantar una
lista de espera de más de seis meses por unos análisis en la
pública (eso el que pueda, claro). Se recortan las ayudas a la
dependencia y a los centros de día mientras las personas que no
tiene más remedio que cuidar ellos mismos a sus mayores dejan de
cotizar por ello. Se les puede desahuciar por el simple hecho de
haber avalado un día a sus hijos. A miles de jubilados les estafan,
quitándoles sus ahorros delante de sus narices sin que nadie (del
Gobierno) mueva un dedo...es como si muriéndose rápido, alejados,
sin hacer ruido ni molestar, nos hicieran un favor.
No sé por dónde pasan las soluciones
a esta supuesta crisis (cada vez somos más los que opinamos que,
efectivamente, es una estafa), pero me niego a creer que volvernos
esquimales sea una de ellas. Y si tengo que masticarles yo misma la
comida a mis ancianos, pues lo haré. Qué cojones: se lo han ganado.
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viernes, 6 de septiembre de 2013
Carta a un lancero del Toro de la Vega
No, va , en serio. ¿Qué te pasa? ¿La
tienes pequeña y esta es la forma de sentirte más hombre? ¿Tu
madre no te dió suficientes abrazos de crío? ¿Qué te pasa? Porque
algo te pasa. Algo muy malo y que te deberías hacer mirar. Prefiero
pensar eso a asumir que de verdad eres lo suficientemente mierda como
ser humano como para disfrutar torturando a un animal hasta la muerte
sin que estés enfermo. Y eso en grupo, claro, que váis en grupo,
que os faltan huevos para encaráros a un toro de igual a igual. Hay
que ser pandillero, cobarde y retorcido para actuar así. Otra
pregunta. ¿Cómo empezó la cosa? ¿Reventabas ranas de cani
metiéndoles un petardo por el culo y de pronto te supo a poco, y te
dijiste; “qué cojones, a por un toro, que mola más”, o cómo?
Ay, y otra cosa: ¿Tú tienes hijos? ¿Les estás inculcando tu
mezquina y bárbara forma de ocio o no? Me gustaría preguntártelo a
la cara, pero para eso tendría que tener el estómago de ponerme
ante tí, y la verdad, no me apetece.
No sé qué imagen tendrás de ti
mismo, igual te ves como Javier Bardem en el cartel de “Huevos de
Oro” pero no, majo, no. La imagen que tiene gran parte de la
sociedad de ti es la de un bárbaro desalmado, cruel, arrogante e
imbécil, te comento. Un hijo de puta, vamos.
En fin, tal vez te resulte incómodo e
incluso violento el tono de mi carta. Créeme que tras intentar
hacerte rectificar apelando al sentido común, a la humanidad, y a la
decencia sin lograr frenar tus actos, la violencia de esta carta no
es nada, nada, comparada con la me haces sentir cada vez que torturas
y matas a un animal. Da gracias a quien reces porque no soy como tú
y entiendo que la violencia no lleva a ninguna parte, porque si fuera
como tú, probablemente te reventaría la cara a hostias.
Sin más me despido.
Entenderás que no te desée suerte
para las fiestas de Tordesillas de la semana que viene. Más bien lo
contrario: le deseo suerte al toro, que no tiene culpa de nada.
#StopToroDeLaVega
P.D: Esta carta se la puedes dar a leer a todos los que te aplauden. Pienso lo mismo de ellos.
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sábado, 22 de junio de 2013
De por qué me cago en José de la Cavada
“Hola, X te llamo porque quiero que
sepáis cuanto antes y directamente por mi que de aquí a dos meses
operan a mi padre del corazón (..) sí , una válvula y triple
bypass (..) sí, gracias...bueno, mira, esperemos que bien, gracias.
Pero eso: que te llamo para que sepas que de aquí a dos meses nos
avisarán con quince días de antelación de la fecha de la operación
(...)gracias, sí, pues eso, que sé que estamos de bolos pero que
mi intención es poder estar allí con él y mi familia...(...)
Claro, claro, serás el primero al que avise para facilitarlo todo. Y
gracias, en serio (...)No. Faltaría más”. Así fue la
conversación con el productor X cuando le comuniqué la complicada
intervención quirúrgica a la que se sometía mi padre.
Pasaron los meses...más de dos,
todo hay que decirlo, porque la Sanidad Española se viene resintiendo
en este país desde hace varios años, no desde que llegó Rajoy. El
caso es que un buen día, ya cuando en casa nos preguntábamos si no
se habrían equivocado de paciente porque papá ya estaba
(aparentemente) la mar de bien, nos llamaron para anunciar que,
efectivamente, en quince días, le operaban. Vuelta a empezar.
Hola señor X. Te llamo porque...¿te
acuerdas de eso que te comenté de la operación de mi padre? Pues
será en quince días. (…) Ya, claro, justo en mitad de los bolos,
pero...(...) sí, lo que te dije. Que mi intención es estar
allí...hombre, (...) claro, gracias. Ya me cuentas.
Prometo que no sé cómo llevamos esos
días de espera. Entiendo, por la falta de recuerdos, que sin
anécdotas trascendentes. Hasta un viernes. Un viernes por la tarde,
recién llegada la compañía a una bella plaza para los bolos del
finde, y a menos de siete días de la operación de papá:
-(Por el móvil):¿Sí? Ah! Hola,señor
X, dime.
-Te alegrará saber que al fin tenemos
sustituta para ti la semana que viene! Sin problema! Lo hace Miss Y.
Ya hemos hablado con ella y está encantada y dispuesta.
-¿En serio? No sabes lo tranquila que
me dejas!!! Además Miss Y se sabe la función perfectamente!!! Pero,
¿y quién hará de ella?
-Ah! Ni te preocupes!!! Lo hará Miss
Z. Os conocéis, ¿no?
-Fantástico! Es una pedazo de actriz
que además conoce a la compañía...lo bordará!!! Ay! Qué alegría
me das...me voy más tranquila con todo atado...
-Nada, linda, ni te preocupes, aquí lo
importante es que tu padre salga bien de la operación y que estéis
todos juntos, por favor!
Recuerdo que colgué el teléfono no
mucho antes de las tres. Porque a las tres me llamó mi representante:
-Hola Laura...tenemos que hablar.
-Ay! ¿Sabes qué? Me acaba de llamar
el señor X para decirme que ya está todo arreglado y que me marche
tranquila a la operación de mi padre...super atento.
-Ehm... y no te ha dicho en qué
condiciones?
-¿Cómo condiciones? No. No me ha
dicho nada más que que todo estaba arreglado y que mucha mierda.
-Lau, es que me acaba de llegar un
mail...a ver, te lo leo.
No recuerdo el mail exacto ni las
cifras exactas, pero venía a ser un extracto de lo que en total, la
compañía del señor X había calculado que me costaría ausentarme
de los dos bolos de dicho fin de semana. El mail explicaba con todo
lujo de detalles que yo me hacía responsable de pagar: sustituta de
mi personaje, (al hacer Miss Y otro papel en la obra) sustituta para
Miss Y, ensayos de toda la compañía donde fuera menester, ropa
alquilada para que tanto Miss Y y Miss Z fueran acordes con la
función, viaje, estancia y horas de ensayo de la ayudante de
dirección de turno para venir a chequear los ensayos, y viajes y
hotel de Miss Z más ensayos, dado que al estar de bolos, se
entendía que sería fuera de Madrid. En total, euro arriba, euro
abajo, el equivalente a más de dos meses de mi trabajo en la
Compañía del señor X. Y que atentamente, deseando la pronta
recuperación de mi padre.
-¿Qué?? ¿Qué me estás
contando?...Pero si acabo de hablar con él y ni me ha nombrado nada
de esto!
-Ya, Lau...yo...es la primera vez que
veo algo así, y como comprenderás, antes de hacer nada, quería
hablar contigo...
Esta conversación, en general, fue un
vano intento por parte de mi repre de tranquilizarme, bonita ella,
cosa imposible porque según pasaba los minutos, más rabia, ira,
desesperación e indignación se fueron apoderando de mí. De repente
entendía por qué siempre se dice en el mundo del espectáculo “The show
must go on”. ¿Cómo no? Es imposible que puedas ausentarte de una
función a este precio!! Y claro, luego queda muy fino, estoico y
elegante decir: “Enterraban a su blablablá y él estaba allí, en
escena” Obvio! Con esas condiciones de absentismo, ¿quién
diantres se puede permitir el lujo de no hacer una función?
Pido perdón desde aquí aunque en su
día lo hice en persona, a toda la maravillosa compañía que me tuvo
que aguantar las siguientes horas. Doy gracias a que de verdad fueran
esa familia que lidió magistralmente entre mis llantos y
desesperación, y lo que ellos, como profesionales, tenían que
hacer.
Mi representante y yo decidimos que lo
primero que teníamos que hacer era buscar un buen abogado para que
nos asesorara y nos afirmara, sin punto de discusión, qué entraba
dentro de la legalidad y qué no. Antes dije que eran las tres de la
tarde y lo dije por algo. Evidentemente la ley de Murphy se cumple:
Como pasaba del mediodía y era verano, la Unión de Actores estaba
cerrada. Importante recalcar que ya no es así,que la Unión tiene un
móvil disponible para cualquier urgencia sindical en cualquier
momento.
El caso es que como la vida es así de
surreal, sin poder decidir qué era lo correcto y qué no, al día
siguiente estaba toda compañía ensayando en el hotel sin saber aún
si yo me iba, si no lo hacía, y sobre todo, quién cojones pagaba
esas horas de ensayo. Por cierto que hice encantada las veces de
ayudante de dirección.
A todo esto un punto de reposo: En
medio de mi caos mental, del dolor y del absurdo, cuando mis padres
ya me decían por teléfono que qué bien que estuviéramos todos
juntos y yo sin huevos a contarles las buenas nuevas, tuve una
conversación con mi representante que alivió mi ánimo y me llenó
de fuerza. En un momento dado de esa tarde fatídica, cuando con cada
amigo/compañero al que llamaba en busca de auxilio me decía “ya,
cariño, qué putada...pero lo mejor es que no vayas...es demasiado
caro y además, no te vale la pena enemistarte con el señor X, tuve
una charla bastante larga con Bea, mi repre, en la que me dijo: Mira
Lau. Esto solo depende de ti. ¿Cómo no te voy a entender? Tú
decide, y yo voy contigo. Si decides que vas a ir pase lo que pase y
te niegas a pagar, yo voy a estar contigo porque me parece justo, y
llegaremos hasta donde haga falta. Eso sí, déjame hablar con un
abogado para empezar a prepararnos.
Que sepáis que su mano tendida así, a
lo Thelma y Louise, fue el mayor bálsamo para mi alma y la mejor
fórmula para despejar la cabeza. Sabía lo que tenía que hacer:
Mi repre le escribó un mail al señor
X en el que le contaba que, aunque nos hacíamos cargo de las
molestias derivadas de la sustitución, y entendiendo el coste de la
misma: no nos hacíamos responsables de la cuantía.
El resto del fin de semana fue normal.
Hicimos nuestros bolos, la compañía ensayó con la sustituta (no
sin sorna, porque teníamos la coña de si esos ensayos corrían de
mi cuenta o no), e incluso tuvimos tiempo de disfrutar de tan bello
pueblo. Inciso: Un actor de la compañía estuvo todo el fin de
semana buscando en el estatuto de los actores alguna referencia pero
sin resultados.
El lunes recibimos un mail por parte
del señor X en el que se nos comunicaba que no entendían nuestra
reacción dado que ellos ya se habían asesorado con más
productores, y el protocolo normal a seguir en estos casos era este,
y que aun así, de mí dependía.
Ese mismo lunes por la tarde logré ir
a la Unión de Actores y explicarle mi caso al abogado especialista.
¿Sabéis qué? Ni diez minutos, tardó el abogado en solucionar el
caso: En el convenio laboral de los actores no se especifica
nada al respecto y, aunque así fuera, el Convenio General de
Trabajadores siempre estará por encima y lo tipifica bien claro:
II. Permiso retribuido por enfermedad grave, hospitalización o intervención quirúrgica de un familiar del trabajador
(ART. 37.3.B) DEL ET)En materia de permisos retribuidos se amplía el relativo al que disfrutará el trabajador con motivo de fallecimiento, accidente o enfermedad grave u hospitalización, de los familiares del trabajador, hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, al supuesto de la intervención quirúrgica de estos parientes, siempre que precise reposo domiciliario (es decir, aunque no se requiera de hospitalización).
El permiso será de dos días o de cuatro si es necesario un desplazamiento (o los días que establezca el convenio colectivo de aplicación), no habiéndose modificado este extremo.
A partir de aquí fue muy breve y
fácil: Tanto mi representante como el abogado de la Unión de
Actores le enviaron estos datos al señor X, y en menos de 24 horas
recibimos la repuesta de que vale, todo claro, que no lo sabían
porque no les constaba...que mucha mierda en la intervención y que
tranquila por todo lo demás. Corría de cuenta de su seguro.
Nada más. La operación fue bien,
gracias por preguntarlo mentalmente. Mis hermanos y mi madre pudimos
permanecer unidos en esas horas, dándonos ánimos, y yo pude ver a
papá despertándose de la anestesia...bello y fuerte, como es él.
Bueno. Que ¿por qué escribo todo esto?
Porque bastante nos cuesta a los ciudadanos de a pié poder apelar al
Convenio General de Trabajadores, que años de esfuerzo nos costó,
como para que ahora venga el imbécil de turno de José de la Cavada,
nada menos que el Director de Relaciones Laborales de la CEOE, a decirnos cúántos días nos corresponde o no.
Diga lo que diga quien me lo diga, si
mi familia sufre un grave revés yo estaré ahí con ellos. Pase lo
que pase y pese a quien pese. ¿Por qué? PORQUE ES UN PUTO DERECHO.
Doy gracias a los que estaban aquí ante que yo y me dieron ese
derecho, y aviso a los que vienen con ínfulas últimamente, que no
me lo van a quitar. Que me entra la risa solo de pensarlo, y que les
faltan cojones para intentarlo.
Sin más.
Salud y república.
P.D: Que sepáis que en esos cuatro
días, nunca jamás volví a hablar con el señor X. De hecho, aunque
con el tiempo hemos hablado de otras cosas, jamás hemos vuelto a
nombrar este tema.
sábado, 18 de mayo de 2013
Querido señor Wert. Dos puntos. (Religión en clase)
De pequeña fui la única niña de una
clase de más de treinta y tres alumnos que no daba religión. Cuando
llegaba la hora de Religión y mis compañeros hacían lo que quiera
que hicieran con la profe, yo me quedaba sentada en mi pupitre con un
libro de ética que tenía que leer, subrayar y resumir sin que nadie
me diera bola. Era de lo más aburrido, pero lo llevaba bien.
Un día, sin embargo, mis compañeros
empezaron con la catequesis para hacer la Primera Comunión y todo
cambió. Aunque para ellos era un coñazo todo lo que tenían que
estudiar para tal evento, lo hacían con ganas e ilusionados porque,
sobre todas las cosas, se estaban preparando para un gran día de
fiesta en el que se vestirían de princesas y marineritos y
recibirían montones de regalos. Eso también lo pude entender porque
mi padre me dijo que si yo quería una fiesta, él me la haría
gustoso, y que si más adelante, como adulta, quería comulgar y
recibir a Dios, también lo respetaría gustoso, pero que no estaba
dispuesto a que yo mezclara las dos cosas en mi cabeza porque era
todo un circo sin sentido. El problema vino cuando los niños de la
clase, abducidos por esa cruel doctrina, empezaron a mirarme como un
bicho raro e incluso con mucha pena, porque como yo no estaba
bautizada (o eso creía, que más adelante descubrí que sí) y no
haría la Comunión, iría derechita al infierno sin remisión. Me
recuerdo muy acongojada en esos días, pensando en ese infierno.
También recuerdo que la profe no hizo nada para que depusieran su
actitud o para al menos, calmarme a mi.
Con el paso del tiempo lo coloqué todo
en su sitio y quedó en unas risas, pero como adulta me alegré
muchísimo de que eso de la Religión en las aulas se fuera
difuminando hasta convertirse en algo anecdótico. Mi padre tenía
toda la razón: la fe es personal y cada cuál de forma privada y en
sus lugares correspondientes.
Y ahora resulta que Wert nos devuelve a
cuando yo tenía ocho años. Ahora resulta que la fe puede volver a
ser un modo de separación entre niños a los que en realidad, ni les
va ni les viene. Me apena profundamente pensar que que hoy en día
vuelva a ver una niña o niño que por unas horas está excluído de
su clase y sus actividades y con el corazón en un puño porque
resulta que igual se tiene que ir al infierno. No es justo, señor
Wert. No lo es. Ni es didáctico. Ni democrático. Es un empeño
rancio, caduco y desesperado por mantener un sistema borreguil que le
viene bien a lo más obsoleto y emponzoñado de la derecha más
casposa. Y usted lo sabe, señor Wert. Lo que más me jode es que
usted lo sabe, y brinda por ello.
domingo, 31 de marzo de 2013
Una Historia de Amor y Miedo
Cuanto más conoces a alguien más difícil es que te
sorprenda: de la gente a la que amo sé cómo respiran, caminan, sonríen,
ironizan y se enfadan, por lo que leyéndoles o viéndoles en un escenario puedo
reconocer su talento, pero muy pocas veces encontrarme con gestos o energías
que no reconozco.
Ayer ocurrió.
Leí hace muchos meses una primera versión de “Una Historia de Amor y Miedo” y lo
primero que pensé fue que era con diferencia, el mejor texto que había escrito
Nacho. Era delirante, divertido, friki, de ritmo vertiginoso y guiños
constantes al cine: muy de Nacho, vamos. Pero esta vez había dado un paso más,
de repente todo eso estaba cargado de una profundidad y un existencialismo que
hasta la fecha no le había leído. Muy sutil, eso sí, como un ruido sordo apenas
perceptible pero que está de manera constante en el conjunto. En “Una
Historia de Amor y Miedo” Nacho López, con dos cojones, decide revisar “La
Divina Comedia” de Dante, mezclándola con “Matrix”, “La Guerra de las Galaxias”, el mundo de Marvel, “Alicia en el País de las Maravillas” y
cómo no, una comedia romántica (que Nacho es muy de comedias románticas aunque
sea para negarlas). El resultado es una hora y cuarto en la que te parte el
cerebro por la mitad y obliga a tus neuronas a dar piruetas de saltimbanqui
para seguirle en tan delirante viaje entre carcajadas. Muy fan.
No es casualidad que Fernando Andina y Dafne Fernández
completen el reparto. Ni mucho menos. Será por amigos actores…pero es que
tenían que ser ellos. Ni yo, y mira que los conozco, esperaba que Fer y Daf se
transformaran sin ningún tipo de pudor para deleitarnos con esos personajes que
a priori, nada tienen que ver con ellos, o mejor dicho, con lo que solemos ver
de ellos. Fernando construye un personaje elegante (como siempre, que es algo
que este chico lleva muy dentro) pero irreverente, lascivo, abierto y sobre
todo muy muy gamberro: una mezcla de Alan Rickman y David Bowie al que no
puedes dejar de mirar porque es todo magnetismo. Por otro lado, que Dafne tenga
cara, cuerpo y voz de ángel creo que no sorprende a nadie. Te la quieres comer
e invitarla a un algodón de azúcar cuando trabaja con esa ternura e ingenuidad
que tan bien sabe manejar…pero es que de repente todo eso se transforma de una
forma muy sutil y, sin que sepas cuándo ha sido, tienes delante a alguien a
quien no reconoces, a un hombre con el alma muy cargada y la mirada muy oscura.
Nacho por su parte se reserva para él un galán de alta comedia de siglo XXI
lleno de ternura, y lo borda, claro, porque él es así: un superhéroe encerrado
en una comedia romántica, o un galán en el universo de Marvel…o las dos cosas.
Entre los tres logran que me pregunte: ¿quiénes somos?, ¿qué hacemos con nuestras vidas? ¿qué es el amor? ¿y el miedo? pero de una forma liviana, fácil y divertida...
No me pude reír más, no lo pude pasar mejor, y no puedo
estar más orgullosa de la gente a la amo.
Muchas gracias, amigos…y larga vida al teatro!
lunes, 11 de marzo de 2013
Volver
Papá y yo en la escalerilla del avión que nos trajo a España.
A veces me pregunto qué parte de mí no soy, o quién hubiera
sido si, por ejemplo, mi padre no me hubiera cogido entre sus brazos y nos
hubiéramos venido a España. No es nostalgia de otra vida, que eso ya lo cantó
Sabina y yo me lo aprendí muy bien: “No hay nostalgia peor que añorar lo que
nunca jamás sucedió” Pero esa otra Laura, la que de algún modo se quedó en
Buenos Aires, forma parte de mí aún si conocerla. Creo que es ella la que hace
que me cosquillee la nariz con según qué tango, la que come alcauciles a la
diabla, y la que se empeña casi obsesivamente en que Don Bosco, Palermo o el
cine Rex permanezcan intactos en un altar de mi memoria. Sé que los cuadros en
mi cabeza van perdiendo detalles y nitidez con el paso de los años: recuerdo el
olor del aire frío en la cara al llegar a Ezieiza, recuerdo el vestidito
celeste con zapatos azules, de charol, pero ya no sabría llegar del aeropuerto
a la que fue mi casa.
La abuela Ofelia murió cuando yo era adolescente aquí en
España, en mi casa. Al tiempo, por lo visto, vendieron la que fuera su casa en
Buenos Aires y ya nunca jamás supe qué fue de la cajita de música, de La Gran Enciclopedia de los
Pequeños, de sus vestidos de juventud con los que nos disfrazábamos mi prima y
yo de pequeñas o de esos vasitos con redondeles pintados de rojo con los que me
daba por las mañanas la leche con cocoa.
Aún hoy, más de veinte años después, sueño de vez en cuando que estoy en
esa casa, con todos los muebles cubiertos con sábanas blancas, y yo busco por
todas las habitaciones esos tesoros sabiendo que tienen que estar ahí pero sin
lograr encontrarlos nunca.
Cada vez es más fuerte el impulso de volver, aunque sea solo
por un ratito, para que la niña que se quedó y la que la mujer adulta que soy
ahora, puedan pasear juntas de la mano por las que nunca dejarán de ser mis
calles, y con un poco de suerte, nos comamos un pancho con savora en el Jardín
Japonés.
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domingo, 24 de febrero de 2013
¿Antisistema? Sí, y a mucha honra.
"Todos marcados a fuego como dóciles corderos"
Canción Protesta, La Cabra Mecánica
Pues… ¿qué queréis que os diga? Escuchar que nuestra
impresentable delegada del Gobierno, doña Cristina Cifuentes, se felicita por
la ejemplaridad de las manifestaciones de ayer sábado, me ratifica en la idea
de que salir a pasear por el centro de Madrid los fines de semana ya no sirve
absolutamente de nada. Puede que sea una manera sana y bonita de desahogarnos,
pero no de cambiar las cosas. Y ojo, que sí que creo en las movilizaciones
ciudadanas: si la PAH
ha logrado paralizar tantos desahucios (y que yo sepa escribir bien esta
palabra) no ha sido por paseos con pancartas los sábados por la tarde, ha sido (y es) por estar presente en cada uno de los
desahucios enfrentándose a lo que haga falta. Cada vez tengo más presente una
frase que se mueve mucho por las redes: “Si manifestarse sirviera para algo
estaría prohibido”. Pero es que además, nuestra clase política, la que nos
gobierna, está tan asfixiada con su propia mierda y tan enculada por el BCE,
Merkel, la Troika,
y la madre que los parió a todos, que ni quiere ni puede escuchar al pueblo. Si
España fuera Islandia manifestaciones como la de ayer servirían para que los
gobernantes flexionen y depongan su actitud...y si mi abuela tuviera ruedas
sería una bicicleta. Que me perdonen los cientos de personas que se ha dejado
la piel en la organización del 23F,
que me perdonen los miles de ciudadanos que salieron a la calle. Les respeto
profundamente y por supuesto comparto sus quejas, pero insisto: el Gobierno nos ha demostrado en más de una
ocasión que ya no sirve de nada.
Y que quede claro que no escribo esta reflexión por estar
desencantada y vencida. Ni de lejos. Lo que ocurre es que estoy ya muy cansada
de salir a la calle para volver a casa pasadas unas horas, ronca de tanto
gritar, y pensar: ¿y ahora qué? Lo que
ocurre es que las circunstancias actuales me han desalineado los chakras por
encima de mis posibilidades y me empujan a ser cada vez más radical en los
planteamientos: Desobediencia civil ante leyes injustas que expolian al pueblo
(que manda cojones que sea el eslabón más débil de la cadena cuando de hecho,
es el motor, pero bueno), insumisión
fiscal hasta que la panda de corruptos devuelvan lo que es nuestro y empiecen a
pagar la parte proporcional que les corresponde, y desacato ante una policía
cómplice que como buen perro se niega a morder la mano del que le da de comer y
contra toda lógica prefiere morder a su propia manada. Ninguna de estas ideas
es nueva, y evidentemente ninguna es mía, pero creo que son indispensables para
poder empezar a cambiar las cosas. ¿Antisistema? Viendo el sistema actual, sí.
Y a mucha honra.
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martes, 22 de enero de 2013
Usted puede contar conmigo...
Sí. Era de esas que estaba anestesiada. De esas que vivía
tranquila en mi mundito piruleta porque, aparentemente, todo iba bien.
Reconozco que de vez en cuando oía muy lejana alguna voz que intentaba decirme
que no, que era mentira, pero prefería obviarla porque sonaba estridente y por
qué no reconocerlo, molesta. Ha tenido que venir ya no un lobo, sino una jauría
salvaje para que abriera los ojos. Y ahora, luchando contra ellos en plena
noche y con apenas un fósforo a modo de antorcha, me acuerdo de esos miles de
Pedros anónimos que me lo quisieron advertir.
Y es que nunca hubo un estado del bienestar real. No para
todos, aunque todos los que vivíamos sumidos en él quisiéramos pensar que sí…o
que igual no, vale, pero pequeñas injusticias aisladas tampoco eran para tanto,
¿no?
No quiero volver atrás. No podemos ser una sociedad
evolucionada si no atendemos a todas las voces, aunque suene a tópico new age
trasnochado. Son tiempos de cambio.
Renovarse o morir, no nos queda otra. Ya hemos asumido que el sistema está
podrido y no voy a entrar en quienes son los culpables, porque si hago un
ejercicio real de reflexión probablemente llegue horrorizada y con la cara
colorada a la conclusión que yo también soy culpable, aunque sea por sordera
parcial.
Creo que ahora se trata de terminar de tumbar este modelo
rancio y caduco de sociedad (de repente me viene a la cabeza L´Estaca, de Lluis
LLach) y de empezar a construir uno nuevo en el que de verdad palabras como
justicia, igualdad y solidaridad tengan
sentido. Es en defensa propia. Es la única salida. Por mi parte procuraré estar despierta y atenta para empezar
el viaje sin dejar a nadie atrás por el camino.
Y a todas esas voces que en su día
me gritaron para avisarme de su sufrimiento o para hacerme ver la que se nos venía
encima les doy las gracias, pero sobre todo les pido perdón, de verdad, por no
haber escuchado. Para todas ellas van
estos versos de Benedetti: ”Usted sabe
que puede contar conmigo, no hasta dos, ni hasta diez, sino contar conmigo”…ya
sabéis a qué me refiero, ¿verdad?
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sábado, 29 de diciembre de 2012
Diagnóstico con calculadora.
Entre la esterilización de Bola y la pancreatitis de Pumba llevo más de quince días yendo a la clínica veterinaria cada dos por tres. Es una clínica universitaria que está muy bien, en serio. Tienen todos los avances técnicos que uno pueda desear para nuestras bienamadas mascotas y un plantel de médicos y estudiantes/residentes que tratan a sus pacientes con todo el amor y la devoción inimaginables. Sus pacientes...o clientes, según se mire. Porque es una clínica privada. El sistema de pago es el siguiente: entras con tu perro, gato, loro o caballo a consulta, deciden lo que tiene y cuáles serán los posibles tratamientos, y pasas por caja para abonar la fianza aproximada del coste total antes de que comiencen a trabajar. Por ejemplo: si es posible que el animal necesite una ecografía, tú la pagas, y ya cuando le den el alta a tu mascota, se verá si al final fue necesario o no la ecografía y te devuelven la diferencia. Me recuerda mucho al sistema de fichas del póker.
El caso es que sin poner en duda la ética de los médicos, me da vértigo la soltura con la que deciden hacer distintas y complejas pruebas, y lo fácil que les resulta proponerte, por ejemplo, tres días de hospitalización para observación del animal porque, aunque la analítica está bien salvo un pequeño parámetro, es mejor no correr riesgos…dado que se trata de la salud de un ser querido. Claro, para ellos es barra libre. Total, pagas tú. Y tú haces lo que te digan sin rechistar porque para eso tu mascota es uno de los seres que más quieres en este mundo.
Me jode. Me jode muchísimo el conflicto de conciencia que te crean. Me jode muchísimo y me da sentimiento de culpa cuidar a mis perros con la calculadora en la mano y tener que plantearme si alguna prueba vale la pena o no, porque no puedo permitírmela. Y me parece injusto.
En estos quince días, entre la esterilización y la pancreatitis, he pagado más de 700 euros (ayer un señor pagó 2.800 euros por la operación de su caballo…) Gracias a la Virgen me lo puedo permitir…pero ha habido épocas de mi vida en las que no habría podido, y hay miles de familias en este país para los que semejante gasto sería impensable. ¿Qué haces? ¿Abandonas a tu mascota en una cuneta? ¿La regalas? ¿La dejas morir de su enfermedad?
Todo esto ocurre mientras en Madrid el PP acaba de aprobar la privatización de la sanidad para humanos (jugando al apalabrados, dicho sea de paso) haciendo oídos sordos a las protestas y manifestaciones de miles de ciudadan@s y lo que es más importante, del colectivo trabajadores de la sanidad pública, que son los que de verdad saben lo que nos estamos jugando.
No puedo evitar pensar en el paralelismo. La vida de un ser humano es mucho mas importante que la una mascota…o no, según se mire. Habrá que esperar a ver cuántos diagnósticos o ingresos dependen de la calculadora de la gestión privada a partir de ahora.
Asco puto.
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